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Desde el pasado domingo, todos los usuarios chinos de teléfonos móviles que registren una nueva tarjeta SIM a su nombre deberán someterse a escaneos de reconocimiento facial, según recoge una nueva regulación aprobada por el Ejecutivo de Xi Jinping.

La norma, anunciada en septiembre, establece que las compañías de telecomunicaciones deben implementar soluciones de “inteligencia artificial y otros métodos técnicos” para verificar las identidades de las personas que den de alta una nueva línea móvil. Todas las tiendas físicas del país han tenido hasta el 1 de diciembre para introducir los nuevos estándares.

Los usuarios de telefonía móvil en el gigante asiático ya deben presentar en el momento de recoger su tarjeta SIM su documento de identidad o pasaporte, como se requiere en muchos países, y tomarse fotografías. Ahora, el Gobierno chino da una vuelta más de tuerca a este proceso y exige almacenar también sus datos biométricos.

Una información que, según explican desde el Ministerio de Industria e Información chino, ayudará a “proteger los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos en el ciberespacio”, contribuyendo a reducir el fraude y los delitos informáticos. Sin embargo, desde las organizaciones de derechos humanos denuncian que se trata de una medida más para reforzar el ya de por sí férreo control sobre los ciudadanos chinos en Internet. Cabe recordar que el gigante asiático cuenta desde 1998 con un gran cortafuegos digital que restringe el acceso de sus ciudadanos a contenidos en la web y a plataformas occidentales como Facebook o WhatsApp.

Lo que no está claro todavía es si los clientes que ya disponen de una línea móvil en China Mobile, China Unicom o China Telecom, las tres grandes operadoras del país, deberán proporcionar también sus datos de verificación biométrica. Las operadoras del país tenían 1.600 millones de suscriptores móviles a finales del tercer trimestre, según las estimaciones de GSMA Intelligence.

Durante años, China ha endurecido las normas de vigilancia para garantizar que todos los que navegan por Internet en el país lo hagan bajo su identidad real. En la práctica, esto hace muy difícil que los internautas puedan operar bajo un pseudónimo. En 2017, por ejemplo, obligaron a las redes sociales chinas a verificar la identidad de los usuarios antes de permitirles publicar contenidos online.

El reconocimiento facial juega un papel clave en el sistema de vigilancia de un país que espera contar con 400 millones de cámaras de seguridad en 2020. De hecho, su uso se ha extendido del mundo online al físico, siendo habitual su uso en estaciones, salas de conciertos y el transporte público. En la región china de Xinjiang, según reveló recientemente una investigación internacional de 17 medios, China usa el reconocimiento facial para identificar y detener a miembros de la minoría musulmana uigur.

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